La escribanía: curiosidades detrás de los objetos antiguos para escribir

9 diciembre 2018

Siempre se ha dicho que el arte de la escritura es un don, y es que no todo el mundo consigue hacer una letra legible por todos. Lo que quizá desconocías es que el arte de escribir tiene una amplia historia detrás, donde los llamados ‘escribanos’ suponían una figura fundamental en todo acontecimiento importante.

Escribano era el profesional que trabajaba en la escribanía, es decir, la persona que trabajaba en un escritorio. Los escribanos tenían un papel muy importante en la sociedad ya que poseían un cargo público: eran los encargados de representar la seguridad jurídica de todos. Así, la función de los escribanos era dar fe de las escrituras en los actos en los que se solicitaba su presencia. Curioso, ¿no?

Mientras en el resto de Europa esta profesión comenzó a establecerse ya a principios del siglo XV, en España lo hizo años más tarde. Fue en el siglo XVI cuando la dificultad progresiva en los procesos judiciales propició el cambio de los religiosos por los escribanos.

¿Eres de los que piensa que en el pasado solo se utilizaba una pluma y tinta? Sigue leyendo este post para descubrir la verdad de los conjuntos de escritura que se utilizaban.

¿Qué es la escribanía?

Cuando se habla de escribanía se hace referencia a todos los elementos necesarios para escribir. Objetos, presentes ya en el siglo XV, que solían estar sobre la mesa del despacho encima de un platillo. Ahí, en el escritorio, se unían el tintero, la pluma, la salvadera, el timbre y el abrecartas.

La pluma y la tinta son los objetos más conocidos de la escribanía. Además, son los dos que todavía se pueden encontrar de una manera más fácil en el mercado. Pero en un auténtico lote de escritura no pueden faltar la salvadera, un vaso con arena que sirve para secar el escrito; el timbre, con el que llamar a los miembros del servicio; el abrecartas, o bien el cuchillo, con el que abrir la correspondencia.

Diferentes conjuntos de escribanía

Los conjuntos de escribanía auténticos están compuestos por 6 artículos: pluma, tinta, timbre, salvadera, abrecartas y platillo. Lo único que varía en el lote es la composición y la forma de los elementos. Los tinteros, en su mayor parte producidos con metales, son las piezas que más posibilidades artísticas ofrecen ya que sobre el metal suelen aparecer numerosos dibujos y figuras inscritos. Los materiales más famosos con los que se producían los lotes de escribanía son los siguientes:

Plata. Las escribanías de plata no eran aptas para todos los bolsillos. Por eso, estaban reservadas para miembros de la nobleza o escribanos con un alto poder adquisitivo.

Bronce. Las escribanías en bronce son de las más famosas ya que se podían adquirir por un precio más asequible. Las de bronce son pertenecientes al siglo XVIII. Al tratarse de un metal de buena conservación las piezas se mantienen en un inmejorable estado en la actualidad.

Las escribanías de bronce pueden llegar a pesar hasta 3 y 4 kilogramos por sus amplias dimensiones y por tener también partes de madera. Se trata de piezas únicas creadas artesanalmente que incorporan infinidad de detalles artísticos en su estructura.

Madera. Las de madera suponían la opción más económica, ideal para los aprendices de escribanos o aficionados a la escritura. Las escribanías de madera poseían algunos remates en bronce como la campanilla o timbre con los que se solicitaba la presencia del servicio.

Más tarde, las escribanías producidas con madera incorporaron nuevos elementos como agarraderas, cajas metálicas, lupas e incluso sellos con los que se conseguía el mejor resultado en las notas escritas.

Mármol. El mármol también fue un elemento importante en los años 20. Años en los que los conjuntos de escritorio se creaban con mármol siguiendo el estilo Art Deco que estaba en pleno auge.

Las escribanías de mármol sumaban a los elementos tradicionales de la escribanía artículos como el guardacartas o el cenicero. Se trata de escribanías muy pesadas que triplican en peso a las de bronce, llegando en algunas ocasiones hasta los 10 kilogramos.

Con el tiempo el escritorio fue recibiendo nuevos artículos de escritura y sellado. Así, aparecieron nuevos tipos de abrecartas como los abrecartas de hueso, sellos para membretar en madera y metal, pinzas para recoger cartas o los fechadores numéricos, entre otros.

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