El calendario agrícola como brújula de la vida campesina en la España del siglo XII

11 diciembre 2020

 

Desde siempre los trabajos agrícolas ligados a las estaciones y a determinados momentos del año han dictado el ritmo de la vida en el campo. Estos acontecimientos eran aún más determinantes durante la Edad Media cuando la vida de los campesinos y de las campesinas estaba estrictamente vinculada al ritmo del calendario agrícola y debía amoldarse su existencia al trabajo en el campo. En el artículo de hoy describiremos cómo discurría un año en el campo de la Península Ibérica en el siglo XII según el ritmo del calendario agrícola.

 

 

Los trabajos empezaban con la llegada de la primavera precisamente durante el mes de marzo. A lo largo de este mes las personas agricultoras cuidaban de sus tierras después del invierno, dedicándose a erradicar y evitar la proliferación de las malas hierbas. Una actividad importante que se desarrollaba en este periodo era el cuidado de la vid con la poda para favorecer el crecimiento de la rama productiva. La comunidad científica hace hincapié en cómo por aquel tiempo la vid junto al cereal eran la base de la alimentación. Los meses de abril y mayo estaban dedicados al cuidado y a la recogida de frutas y de legumbres, elementos básicos en la alimentación de la población de entonces.

 

Con la llegada del verano se acercaba el momento decisivo en la vida del campo de aquella época cuando dependiendo de la climatología se podía sacar mayor o menor rendimiento al campo. Durante el mes de junio una de las labores principales solía ser la de segar el heno con la hoz dentada o con la guadaña. Esta labor era esencial para el almacenamiento de la mayor cantidad posible de heno para el sustentamiento de los animales. Los  meses de julio y agosto estaban dedicados al cereal. Primeramente tenía lugar la siega de la mies, una labor que generalmente se llevaba a cabo con la hoz. Las espigas se trabajan en un segundo momento al aire libre o en un ambiente cerrado dependiendo de la situación climática. Cuando se realizaba en espacio abierto se utilizaba el trillo arrastrado por bueyes. Cuando se trabajaba en el interior se  utilizaba el mayal que consistía en dos palos, uno más corto que otro, unidos a través de una cuerda.

El otoño se dedicaba a la labor de la vid. Estas labores empezaban a finales de agosto y se intensificaban en septiembre con la vendimia. En el trabajo relacionado con la vendimia las personas investigadoras indican que probablemente ésta era una actividad en la cual participaba toda la familia. El mes de octubre se dedicaba a la vinificación del producto derivado de la vendimia. El mes de noviembre se dedicaba a la matanza del cerdo, una actividad muy importante con vistas a la llegada del invierno.

Los meses invernales estaban dedicados sobre todo a recuperación por los esfuerzos del trabajo realizado el año anterior en el campo. En este periodo las familias pasaban gran parte del tiempo en sus hogares esperando la llegada de la primavera para reanudar nuevamente los trabajos en el campo.

 

 

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Andrea Vincenti.

Arqueólogo y cooperante. Viajero y Knowmad.